Por si acaso. Ante la duda… Está claro. Si uno va a escribir “tradición” con tilde en la “o”, la cosa es sencilla. Pero, ¿y si ponemos “tradicional”? Pronunciado así: “tradicionAL”. ¿No pasará el acento, birlibirloque, a la letra “a”, que parece que cobra una fuerza inusitada? Y en ese caso, querido Watson, ¿qué hacemos con la “o”? Pues nada, nada. Imitando a Salomón, para los dos va la razón. Dos tildes mejor que una, como “Zárágózá” dicho en maño nativo.
La especialidad de la casa, según se ve en la carta, es idioma al pil-pil. Pasado posteriormente por el triturador para que quede irreconocible. Una escabechina en toda regla, como se puede apreciar en la imagen, con esa hache maldita.
El IVA, por cierto, aunque no se ve nítidamente en la imagen, está “incluído“. Así, con acento y todo. Que no falte de nada.
He encontrado por la red un pdf con el manual de ortografía de la lengua española publicado por la RAE. Aquí lo pongo, que a más de uno le servirá de ayuda, sin duda.
Manual de ortografía (pdf, 935 KB).
Lo de los jueces es por demás. No sólo a veces aplican las leyes con unos criterios incomprensibles para el resto de los humanos -ya saben, lo de la letra de la ley y su interpretación-, sino que además después lo redactan todo con un tufo burocrático que apesta a la razón.
El último caso es el de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Le han aclarado al juez Baltasar Garzón que sus intentos por investigar los crímenes del franquismo son vanos. “Las personas presuntamente responsables”, le han dicho, “están todas premuertas“. Así, como lo leen. Una forma absurda de decir que para cuando Garzón quiso imputarlos ya no quedaba uno vivo en este mundo.
Esto me trae a la memoria una supuesta anécdota entre un abogado y un forense, no sé si real, pero que desde luego merecería serlo (vía tonterias.com):
Abogado: Doctor, antes de realizar la autopsia, ¿verificó si había pulso?
Forense: No.
A: ¿Verificó la presión sanguínea?
F: No.
A: ¿Verificó si había respiración?
F: No.
A: Entonces, ¿es posible que el paciente estuviera vivo cuando usted comenzó la autopsia?
F: No.
A: ¿Cómo puede usted estar tan seguro, doctor?
F: Porque su cerebro estaba sobre mi mesa, en un tarro.
A: Pero, ¿podría, no obstante, haber estado aún vivo el paciente?
F: Es posible que hubiera estado vivo y ejerciendo de abogado en alguna parte.
En 24 horas, dos veces. El sábado, lo vi escrito así: “para conectarse a Internet, debe usted entrar en la página inicial, ósea, la del icono…”. Una página inicial ósea. Dura de verdad. Un hueso de página. Vi la fechoría en las instrucciones del hotel Villarreal Palace, de cuatro estrellas. Se le cayó una de golpe. Al día siguiente, en El Adelantado de Segovia, me lo encontré escrito de otra forma, oséa.
En fin, hija, quizás sea para darle el tono pijo adecuado. Como cuando dicen eso de “o sea, tía, te lo juro”. Una frase que dicha a lo pijolandés sonaría casi como lo escribieron en El Adelantado: “oséa, hija, t’o juro”.
Pues eso. Que el anunciante, propietario de una tienda de muebles, se quedó tan a gusto. O tan a gustito, como desafinaría Ortega Cano. No se le ocurrió mejor cosa que hacer un juego de palabras, y fue a fallar en lo más sencillo. “Estar a gusto” sería lo correcto. Y no “agusto“. En todo caso, este anuncio me deja, como diría un buen asturiano, “muy mal a gusto“. Y es curioso pero, tal y como lo pronunciaba un “güelo” que conocimos, siempre me lo imaginé junto, “malagusto“. Como una palabra con significado propio. Y más simpática, desde luego, que “agusto“, aunque sólo fuera por el acento asturiano.
El otro día, con motivo de la Seminci, se proyectaba en el Auditorio Miguel Delibes de Valladolid la película Metrópolis, de Fritz Lang. La novedad era que la Orquesta de Castilla y León iba a interpretar en directo la banda sonora. Una actuación, por tanto, y a entender de un crítico radiofónico, apta para “megalómanos“. Vamos, para personas con delirios de grandeza. Aunque también podía gustarles a los “melómanos“, que al fin y al cabo son amantes de la música. Incluso puede que alguno fuera un “melómano megalómano”, porque uno puede ser ambas cosas a la vez, que de todo hay en este mundo.

La Casa de Castilla y León en Getafe tiene adosado un restaurante, El Rescoldo, en el que ponen un arroz limpio de polvo y paja digno de pasarse por allí. Lo más llamativo, sin embargo, no es eso, sino el poco aprecio por lo propio. En la carta, junto a los vinos DO Rioja y los DO El Bierzo, por ejemplo, aparecen unos erróneos caldos de la DO Rivera del Duero. Deben ser como las imitaciones de las camisetas de los futbolistas, porque los de verdad son de la Ribera del Duero.
La diferencia es sustancial, como aclara la RAE:
Rivera. 1) Arroyo, pequeño caudal de agua continua que corre por la tierra.2) Cauce por el que corre.
Ribera.1) Margen y orilla del mar o río. 2) Tierra cercana a los ríos, aunque no esté a su margen.
Leo en una revista: “es el nexo de unión entre dos personajes”. Más noticioso sería, desde luego, que fuera un nexo de desunión, puesto que todos los nexos unen, por eso son nexos. Algo inconexo es algo “falto de conexión”, según la RAE. Nexo, en cambio, se define como “nudo, unión, lazo”.
Es decir, que la expresión “nexo de unión” es, ni más ni menos, como decir “unión de unión”.
Es un error habitual cuando lo que se quiere expresar es que hay un factor que une, por ejemplo, a dos protagonistas de una película. Lo que aplicando las matemáticas y el concepto de “mínimo común denominador” sería un “denominador común“.



