Pobres peces

Publicado: abril 18, 2013 en Ortografía
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Los peces son animales vertebrados, que viven en el agua, con el cuerpo fusiforme y unas cuantas cosas más. Pero los pobres peces tienen un problema, y es que a la hora de hacer sus necesidades no tienen un aparato mingitorio normal.

No, amigos, según un libro de Primaria de la editorial Santillana no solo “sonacuáticos”, así, todo junto, sino que además en lugar de vejiga tienen vegija.

Ahí lo tienen. En una carnicería del barrio de Parquesol, en Valladolid, cuyo nombre omitiré, luce este cartelito. Un montón de carne picada en un bol. A un precio, digamos, acorde con los tiempos. Pero ojo. Usted no va a comprar simple carne picada. No, no. Por su dinero le van a dar, nada más y nada menos, un kilo de deliciosa y extraordinaria “burger meat” que es mucho más. Concretamente, esta añade un toque grotesco (quizá debería decir ‘kitsch’, que lo admite la RAE), hortera y presuntuoso (¿ponemos “presuntamente cool“?

Debe ser alguna estrategia de mercadotecnia (perdón, quise decir marketing), de esas que recomiendan a los productores poner palabras en inglés en cualquier eslogan, o en francés si el anuncio va a ser de colonia, ya saben, “Lulú sé muá” y cosas así. Y este carnicero, además de picar la carne, ha decidido filetear el idioma que le sirve para atender a los clientes y convertir el filete ruso de toda la vida, esa albóndiga aplastada en un ataque de ira, en una hamburguesa al estilo “american güey of laif“. ¿Que quieres carne picada? Qué basta eres, hija, yo compro burger meat, que es lo más cool de lo in, lo que se lleva en “yuesei“, creo que a Obama se la pica un pollo, vaya, quiero decir que se la prepara un mayordomo. Luego le pone un poco de onion y la hace a la barbecue. Él no, claro, el mayordomo de antes. ¿Dije mayordomo? Bueno, el personal assistant.

Pues muy bien, oiga. Pero vamos, que con un huevo, pan rallado, sal, perejil y un diente de ajo picadito, hecha bolas y pasada por harina, se fríe, se le añade un poquito de salsa de tomate y lo que sale, burger meat o no, es una cazuela de albóndigas de toda la vida.

Difícil elección

Publicado: septiembre 27, 2012 en Ortografía, Rótulos
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¿Con g o con j? He ahí la cuestión. Por más juanramoniano que uno quiera ser, que el autor de “Platero y yo” fuese alérgico a la g no exime a los demás de utilizarla adecuadamente. Aunque sus ideas ortográficas al menos tenían una pretensión, como expresó en su discurso publicado en la revista Universidad en Puerto Rico en 1953:

Se me pide que escriba algo en “Universidad” sobre mis ideas ortográficas; o, mejor dicho, se me pide que esplique por qué escribo yo con jota las palabras en ge, gi; porqué suprimo las b, las p, etc., en palabras como oscuro, setiembre, etc.; por qué uso s en vez de x en palabras como escelentísimo, etc.
Primero, por amor a la sencillez, a la simplificación en este caso, por odio a lo inútil. Luego, porque creo que se debe escribir como se habla, en ningún caso como se escribe. Después, por antipatía a lo pedante. ¿Qué necesidad hay de poner una diéresis en la u para escribir vergüenza?

Como quiera que sus ideas no triunfaron, debemos respetar lo que está pautado, más que nada porque utilizar la lengua correctamente sirve para que nos entendamos. En el caso que nos ocupa debería poner “elige” en lugar de “elije“. Y no porque no exista la palabra con j, que existe. Concretamente, es la primera persona del presente de subjuntivo del verbo “elijar”. ¿Y qué es elijar? Pues según la RAE, “en farmacia, cocer una sustancia para extraer su jugo“. Y cocer una fórmula de alquiler no parece algo sencillo, ¿verdad?

Organizadores para partirse

Publicado: septiembre 26, 2012 en Ortografía, Rótulos
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No son nuevos, que esto de los monólogos ya lo hizo célebre Gila, pero de un “club de la comedia” a esta parte proliferan los concursos de monólogos por todos lados. En el que nos ocupa la dificultad es doble, puesto que no se trata de monologuistas molientes y corrientes, sino de “monologistas“. Un logista es “una persona especializada en métodos de organización“, según la RAE, y el prefijo “mono” significa “‘único’ o ‘uno solo“. Vamos, que el tipo que va a salir al escenario es alguien que organiza las cosas él solito, sin ayuda de nadie. Un fenómeno, vaya. Porque no solo eso, sino que además, visto el cartel, va a hacer que nos partamos de risa. No me extraña que salga en la tele, es un caso paranormal.

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Miren bien, no al título que aparece más abajo, sino justo encima, donde describen cómo fue la apertura del Ikea de Valladolid. Según la noticia parte del público respondió con un grito que popularizó la película “300”: ¡Auh! Solo que esta vez el público era anglohablante, y por eso solo gritó con la exclamación de cierre, sin la de apertura.
Si una ventaja tiene el español sobre el ‘insulsérrimo’ inglés es el signo de apertura en exclamaciones e interrogaciones. Nos permite saber desde el mismo arranque de la frase qué tono tiene. Por eso, comerse el signo inicial, además de incorrecto, es una solemne estupidez.

Publicado: enero 20, 2012 en Ortografía, Sin sentido
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De eximido nada, culpable

Publicado: diciembre 9, 2011 en Ortografía
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"Una prostituta exhime..."

Será porque es prostituta por lo que esta buena mujer, en lugar de eximir al ‘Loco’ lo exhime. Como si con el palabrejo este quisiera refrendar su condición de trabajadora del sexo. Porque exhime, ¿de dónde procede? ¿De ‘ex himen‘, quizás, traducido como aquella que tenía himen y ya no lo tiene, o como diría el diccionario de la RAE, “que no es virgen”? Por suerte dentro del texto se olvidan del término eximir y utilizan exculpar, que al menos sí lo tienen claro.

Desde Finlandia a Noruega…

Publicado: noviembre 3, 2011 en Varios

…vengo por toda la orilla. Más o menos como desde Santurce a Bilbao. Y eso que entre Noruega y Finlandia hay, por lo menos, miles de kilómetros. O más. Así lo aseguraba, y se quedaba tan ancha, la periodista María Eugenia Yagüe. Y todo porque Jaime Peñafiel, periodista especializado en monarquías (eso sí que es un buen cargo), decía que el Príncipe Felipe, en una visita a Finlandia, había aprovechado para ver a su ex. Para neófitos en cotilleos rosas, Eva Sannum, a la sazón noruega. Y claro, eso exige un desmentido rotundo. Y qué mejor argumento que el de la cósmica distancia que separa Noruega de Finlandia. Ya digo, miles de kilómetros.

Obviando el hecho de que el Príncipe puede ver a quien le dé la gana, y que además viaja en avión privado y así las distancias son menos, niego la mayor. Y me acompaño para ello de un utensilio mágico: el mapa.

La línea roja es el trozo de frontera que comparten Noruega y Finlandia.En esta imagen tomada de viamichelin.com podemos comprobar que, a pesar de tener a Suecia por medio, las dos capitales, Oslo y Helsinki, están separadas por 780 kilómetros. No solo eso. En la parte más septentrional, Noruega y Finlandia comparten un buen tramo de frontera (la línea roja, concretamente). Nada que un Príncipe no pueda superar, y menos uno que ha sido capaz de casarse con una plebeya que, para colmo, era periodista.