Miren bien, no al título que aparece más abajo, sino justo encima, donde describen cómo fue la apertura del Ikea de Valladolid. Según la noticia parte del público respondió con un grito que popularizó la película “300″: ¡Auh! Solo que esta vez el público era anglohablante, y por eso solo gritó con la exclamación de cierre, sin la de apertura.
Si una ventaja tiene el español sobre el ‘insulsérrimo’ inglés es el signo de apertura en exclamaciones e interrogaciones. Nos permite saber desde el mismo arranque de la frase qué tono tiene. Por eso, comerse el signo inicial, además de incorrecto, es una solemne estupidez.
Será porque es prostituta por lo que esta buena mujer, en lugar de eximir al ‘Loco’ lo exhime. Como si con el palabrejo este quisiera refrendar su condición de trabajadora del sexo. Porque exhime, ¿de dónde procede? ¿De ‘ex himen‘, quizás, traducido como aquella que tenía himen y ya no lo tiene, o como diría el diccionario de la RAE, “que no es virgen”? Por suerte dentro del texto se olvidan del término eximir y utilizan exculpar, que al menos sí lo tienen claro.
…vengo por toda la orilla. Más o menos como desde Santurce a Bilbao. Y eso que entre Noruega y Finlandia hay, por lo menos, miles de kilómetros. O más. Así lo aseguraba, y se quedaba tan ancha, la periodista María Eugenia Yagüe. Y todo porque Jaime Peñafiel, periodista especializado en monarquías (eso sí que es un buen cargo), decía que el Príncipe Felipe, en una visita a Finlandia, había aprovechado para ver a su ex. Para neófitos en cotilleos rosas, Eva Sannum, a la sazón noruega. Y claro, eso exige un desmentido rotundo. Y qué mejor argumento que el de la cósmica distancia que separa Noruega de Finlandia. Ya digo, miles de kilómetros.
Obviando el hecho de que el Príncipe puede ver a quien le dé la gana, y que además viaja en avión privado y así las distancias son menos, niego la mayor. Y me acompaño para ello de un utensilio mágico: el mapa.
En esta imagen tomada de viamichelin.com podemos comprobar que, a pesar de tener a Suecia por medio, las dos capitales, Oslo y Helsinki, están separadas por 780 kilómetros. No solo eso. En la parte más septentrional, Noruega y Finlandia comparten un buen tramo de frontera (la línea roja, concretamente). Nada que un Príncipe no pueda superar, y menos uno que ha sido capaz de casarse con una plebeya que, para colmo, era periodista.
Me he encontrado esto en un blog. Es el mismo error del que ya hablé hace bastante tiempo, pero no deja de hacerme gracia. Si Anthony Hopkins ejercía de caníbal, ¿por qué no serlo los demás, y más ahora que con la crisis vamos a tener que comer más suelas de bota que Charlot? Pero claro, puestos a comernos los unos a los otros, no sé si el Abogado al Curry es la mejor elección. Se te puede indigestar un recurso ante el Constitucional, por ejemplo. En fin, que como ya explicamos, una cosa es un “buffet” (en español, admitido por la RAE, bufé), y otra muy distinta un bufete.
Burgos es independiente. Y lo ha conseguido a la chita callando, sin hacer ruido. Cómo son estos burgaleses. Ya lo decía Leo Harlem, que una vez estuvo en la Antártida y hacía casi tanto frío como en Burgos. Y lo mejor de todo es que hacen una obra y se la pagan los del Ministerio de Cultura. Ya lo dice el cartel bien clarito:
Obras de construcción de la nueva sede de la Biblioteca Pública del Estado de Burgos
Hale, el Estado de Burgos. Nada menos. Y después de eso se comen un pincho de morcilla en el Ojeda y un lechacito asado en Los Trillos y se quedan más anchos que largos.
Desde que la prensa es prensa las erratas se han atribuido a eso que se llamaban los duendes del taller. Un cajista al que se le escapaba un tipo, una composición mal pegada. También les tocaba asumir la responsabilidad de los fallos de conexión en la radio. Pobres duendes.
El caso es que ahora ya no existen en los talleres de los periódicos esos señores que colocaban tipos a velocidad de vértigo, o los componían con la linotipia, ni mucho menos los que cortaban y pegaban los textos en el sentido literal de la palabra. Es decir, cortando por aquí, pegando por allá y trabajando el interlineado a base de recolocar las líneas. Ahora todo es informático, hipertecnológico y transparente. Los sistemas de los periódicos son chivatos que dicen, al momento, quién ha metido la pata y por qué. Y rara vez el que la mete es un electroduende.
En la foto de al lado el error se produce por algo que cualquier redactor sabe. Las maquetas de las páginas se forman a partir de bloques con nombres tan atractivos como “Not. 4 COL” o “Despiece 1 COL 16p.” Y en cada caja de ese bloque viene un texto falso que indica con qué contenido debe rellenarse. En el caso que nos ocupa: “Titular de noticias a columna breve”. Lo malo de ese sistema es que uno va rellenando campos hasta que completa la página. Y la dichosa página aparenta estar completa. Y tú te confías. Y la preparas.
Por eso los pies de foto suelen tener un misterioso “xxx. xxxx” que a veces también se cuela, y que sólo inducen a confusión si encima va la foto de Scarlett Johannson. Y por el mismo motivo se ha convertido en clásico el “lorem ipsum”.
En Cabárceno, en una especie de zoo al aire libre en el que puedes ver desde osos pardos hasta jirafas, en una mezcolanza imposible en la naturaleza. Hay carteles por doquier para explicar por dónde se va a los sitios, qué características tiene cada animal, cuál es su hábitat, etcétera. En uno de ellos, alguien ha querido corregir lo que a su juicio estaba mal, y ha rayado una bonita tilde sobre una “a“. Donde antes ponía “Sabana“, ahora se lee “sábana“.
Desde luego es admirable el afán de pulcritud lingüística del corrector, si no fuera porque ha metido la pata. Nada tiene que ver la sábana,”cada una de las dos piezas de lienzo, algodón, u otro tejido, de tamaño suficiente para cubrir la cama y colocar el cuerpo entre ambas“, según la RAE, con la Sabana.
Llanura, en especial si es muy dilatada, sin vegetación arbórea.
También según la RAE.
Una buena idea con un pero
Posted: septiembre 7, 2011 in Ortografía, VariosEtiquetas: Cartel, Carteles, Erratas, Ortografía
Es un museo sobre el río Pisuerga. Y para decorar los enormes ventanales con vistas al propio río nada mejor, debió pensar alguien con buen criterio, que empapelarlos con citas relativas al agua. Y allí donde aparezca la palabra agua o río, dejamos un espacio vacío por el que entra la luz. Muy bonito, la verdad. Lástima que nadie repase los textos para evitar esas pequeñas erratas que aparecen en el lugar más inoportuno. Erratas que pescan en río “revuelto” y no “revuleto“. O que colocan una tilde donde no va.
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